Manuel Gómez

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Recoil, un experimento por definir

Estoy seguro de que en los próximos meses, Alan Wilder va a tener una idea mucho más clara de lo que quiere hacer con Recoil. Anoche, sábado 13 de marzo, apuntó algunas ideas pero no fueron más que eso, bocetos, ideas durante poco más de una hora.

La audiencia estaba dispuesta a chillar, entregadísima, con sólo mirar al público y, apenas lo hizo. Imagino que la responsabilidad del momento (su segundo ‘concierto’ como Recoil) le impone y un tipo perfeccionista como es él le hace centrarse demasiado en su tarea. Cualquier buen disc-jockey te dirá que lo más importante es mirar al público para aprender de él, Alan miró al principio y al final (tres sonrisas se le contabilizaron) el resto del tiempo lo pasó embebido en los dos MacBooks que controlaba. A mi izquierda estaba el carismático, Mario (former La Mode) que no paraba de chillarle: “Alan aunque sea una tecla, toca algo”. Pero Alan seguía sin conectar con el público porque continuaba mirando sus portátiles y escuchando en sus auriculares las pistas que iba lanzando desde sus máquinas. Wilder tenía a su derecha a su compañero de faena que manejaba otro portátil y lo que creí entender que era un modulador de sonidos. Igual de embebido que él. Esos portátiles terminaron siendo más que unos instrumentos lanza-pistas unas murallas que ocultaban la tarea. El único que miraba al público era la cuidada selección de vídeo-imágenes que el proyector mostraba.

Siendo muy ácido diría que lo de ayer en la Sala Macumba de Madrid fue como hacerte un PowerPoint interactivo en tu oficina o en casa y querer mostrárselo a unos amigos (fanáticos de Depeche Mode en su mayoría) que han pagado por ello. Y punto. Una semana antes, Alan en un vídeo avisó que no era un concierto pop/rock tradicional. Gracias por el aviso. Al menos, en eso fue honesto. Pero Wilder tiene que convertirse en un ser popular si quiere ir más allá. Son los pequeños pagos que hay que hacer por estar frente a un público y transmitir.

Me encantaron y no esperaba dos cosas: La primera, una sección en la que enlazó Kaleid (la cara B de ‘Policy of Truth’ e Intro de ‘World Violation Tour’) con Never Let Me Down Again (Aggro Mix), una de las versiones que me abrieron la cabeza con 12 años y me influyó definitivamente en mis gustos musicales. Esos tres minutos fueron el pequeño tesoro que me llevaré para siempre de este concierto. La segunda cosa, fue la transición entre el concierto de Recoil y Nitzer Ebb cuando Douglas McCarthy se unió a Wilder y su compañero para interpretar una versión psicotrópica y rítmica de ‘Faith Healer’. Me decepcionó un poco (Doug era inaudible) pero la intención fue suficiente.

Como el concierto lo inicia con ‘Black Box’, una maraña de capas y bajos filtrados, el sonido es malo pero ya para ‘Drifting’, un cuarto de hora después, la cosa estaba muy bien balanceada. Hacia la mitad del concierto empezó a endurecer el sonido, pasó de un ‘trip-hop a la Wilder’ para dedicarse a un techno más crudo y bailable que calentó a la afición.

El mejor consejo que se le puede dar es que siga y siga y siga y que no pare. Pero también que sea más abierto, entretenido y, sobre todo, poner una segunda pantalla en la que una cámara muestre lo que operan en sus portátiles. ¿Hemos perdido al Wilder teclista? Yo, todavía no me creo que haya tenido a Alan Wilder a menos de quince metros míos…